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Cristo, con la mano en el corazón en La Habana

2017-02-06
by: El caimán
Cristo, con la mano en el corazón en La Habana

Muy diferente, desde luego. No tiene los brazos extendidos como las emplazadas en Río de Janeiro, Brasil; Lubango, Angola; y Lisboa, Portugal. Su autora prefirió que el Cristo de La Habana recibiera al visitante con la fuerza de la mirada y la mano en el corazón. Además de excelsa, hizo una escultura sublime.

Jilma Madera tenía talento de sobra para domeñar el mármol como se le antojara… y para imaginar obras novedosas, peculiares, capaces de despertar asombro no solo por la magnitud de sus proyectos.

Cierto, su creación de 20 metros de altura se alza sobre la cima de la Loma de La Cabaña, a 50 metros sobre el nivel del mar, en la bahía capitalina, y es considerada la mayor escultura del mundo en mármol blanco de Carrara realizada por una mujer.

También es cierto que pesa 320 toneladas, tras emplear unas 600 de mármol, y la conformaron 67 voluminosas piezas. Pero la joven artista rechazó la idea de alcanzar 35 metros de altura (tres más que el Cristo Redentor, de Río de Janeiro), pese a cobrar menos.

“Desde el punto de vista artístico, habría sido un desastre si tenemos en cuenta la poca elevación de la colina de La Cabaña”, alegó en una ocasión.

La majestuosidad del proyecto que llevaría a cabo iba a proceder, paradójicamente, de su sencillez. Es un Jesús de pie, con una mano en el pecho y la otra en alto, en actitud de bendecir; calzado con sandalias de meter el dedo, a la usanza de la época; y de ojos oblicuos y labios pulposos, en sintonía con el mestizaje racial en Cuba y América.

Encima, le dejó los ojos vacíos, para que diera la impresión de mirar a todos desde cualquier lugar. “Seguí mis principios, y traté de lograr una estatua llena de vigor y firmeza humana.

“Al rostro le imprimí serenidad y entereza, como para dar alguien que tiene la certidumbre de sus ideas. No lo vi como un angelito entre nubes, sino con los pies firmes en la tierra. Lo hice para que lo recuerden, no para que lo adoren: es mármol”.

Y en la base del monumento la autora enterró diversos objetos de la época, como periódicos y monedas.

Que hubiese sido esculpida en Roma le ganó muy pronto la bendición del Papa Pío XII. Así que zarpó rumbo a Cuba, donde un equipo de 20 marmolistas contribuyó con el montaje. Cada fragmento fue atado con tensores de acero a la estructura central.

Se sabe que el origen de esta escultura fue una curiosa promesa de la esposa del dictador Fulgencio Batista: en un acto de desesperación, durante el asalto al Palacio Presidencial el 13 de marzo de 1957, la primera dama prometió erigir una imagen de Cristo que pudiera ser divisada desde cualquier rincón de la ciudad, si su esposo escapaba con vida.

Mas, ¡vaya curiosidades del destino! Una vez cumplida su promesa, el gobierno de Batista solo se prolongó por una semana más. Dicen que ese fue el primer milagro de la imponente figura de mármol.

Madera no era católica ni cristiana, sino atea; sin embargo, simpatizaba con aquel defensor de los pobres que fue Cristo. Sus dos obras más significativas distinguen dos cimas muy importantes: el busto de Martí, en el Pico Turquino, y la espléndida escultura inaugurada el 25 de diciembre de 1958, en la loma de Casablanca.

No pierda la oportunidad de llegar a donde está Cristo, con la mano en el corazón en La Habana.