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El Floridita: encrucijada internacional en La Habana

2017-01-07
by: El caimán
El Floridita: encrucijada internacional en La Habana

Yo me sé bien la historia, porque fue mi amigo el periodista Fernando G. Campoamor quien llevó a Ernest Hemingway al Floridita. La pasión por escribir y el gusto común por los tragos más sugerentes los hizo muy cercanos, y al  Premio Nobel estadounidense le bastó una vez para quedar prendado por siempre del elegante bar habanero.

Casi un siglo más tarde, en los archivos del popular establecimiento ubicado en Obispo y Monserrate, las fotos recuerdan a ambos con la gratitud por quienes le granjearon fama internacional y atrajeron celebridades y turistas.

Por las mesas y la barra del Floridita pasaron estrellas de cine como Gary Cooper, Marlene Dietrich, Ava Gardner, Spencer Tracy, Ornella Muti, Matt Dillon, Jane Fonda, Pierce Brosnan, Danny Glover y Jack Nicholson.

El lugar sedujo igualmente al dramaturgo Tennessee Williams, al escritor Jean-Paul Sartre, a los músicos Jean-Michel Jarre, Joaquín Sabina, Fito Páez, Ana Belén y Víctor Manuel, así como a los boxeadores Gene Tunney y Rocky Marciano, y a las modelos Naomi Campbell y Kate Moss.

La lista de los cautivados incluye a Giorgio Armani, Paco Rabanne, Ted Turner, Imanol Arias, Graham Greene y los duques de Windsor. Pero la relación crece cada día.

Ya está a punto de completar 200 años de historia desde que abriera sus puertas en 1817 con el nombre de La Piña de Plata. Poco después fue llamado La Florida. En 1910 se amplió con el área de restaurante. Y, en 1918, el catalán Constantino Ribalaigua Vert se convirtió en dueño del local, bajo su nombre definitivo: Floridita.

El propio Constante (le conocen así) trajo a La Habana el trago que distingue al bar, y que ocupa un puesto de privilegio entre los 10 mejores preparados en todo el planeta: una bebida nacida en el barrio Daiquirí de la viejísima comarca de El Caney, en Santiago de Cuba.

Campoamor no disimulaba su orgullo al contarme sobre las frecuentes visitas al que llegó a ser un sitio muy querido por ellos. De modo que, en la década del 30, con Hemingway instalado en el Hotel Ambos Mundos, a muy pocas cuadras de allí, los cocteles se hicieron frecuentes.

Incluso surgió la variante Papa Doble, en nombre del autor de Por quién doblan las campanas y Adiós a las armas, entre otros títulos. La llamaron así debido a que en Cuba se conocía afectuosamente al escritor como “Papa”.

Pese a que Hemingway se mudó a la finca La Vigía, en las afueras de La Habana, no dejó de visitar habitualmente el que él llamaba “el mejor bar del mundo”, para beber su daiquirí favorito: ciertas crónicas escritas años más tarde, aseguran que llegó a tomar 13 de una sola sentada.

Tampoco pudo evitar la mención al Floridita en sus textos. Islas en el golfo ofrece una detallada descripción del bar donde pasó largas horas sentado en la barra, escuchando a los asiduos del lugar o dándole forma a algunas de sus historias.

“La bebida no podía ser mejor, ni siquiera parecida, en ninguna otra parte del mundo… Hudson estaba bebiendo otro daiquirí helado y, al levantarlo, pesado y con la copa bordeada de escarcha, miró la parte clara debajo de la cima frappé y le recordó el mar”, escribió entonces.

Por eso, en el año 2003, una estatua a tamaño natural del autor de El Viejo y el mar, sonriente y acodado en su lugar favorito de la antigua barra de estaño, hace imperecedera su presencia en El Floridita.

Mas, como nunca será suficiente, el establecimiento le rinde otro homenaje con la creación del Papa Hemingway Especial (un Daiquirí con zumo de pomelo).

El viejo escritor amigo de Cuba no se equivocó en hacer del céntrico local decorado al estilo Regency el bar de sus amores. En 1953, la revista Esquire lo reconoció como uno de los siete bares más famosos del mundo.

Y en 1992 recibió el premio Best of the Best Five Star Diamond, de la Academia Norteamericana de Ciencias Gastronómicas, como el Rey del Daiquirí y Restaurante especializado en pescados y mariscos más representativo.

Además, en 1991 conquistó el Best of Best, Academy Awards of the Restaurant Industry, en Estados Unidos; en 1995, el Vigésimo Gold Award for Tourist, Hotel and Catering Industry, en la Fitur de Madrid; y en 1996, el Décimo Golden Europe Award For Quality, en París.

Bien le vale el apelativo de encrucijada internacional con que le calificara la revista Esquire: por su bien ganada fama mundial; por los miles de turistas procedentes de todas partes; por su esplendor y exquisitez; y porque en Londres, Madrid, California y Dublín le han nacido homólogos, en un afán cuasi quimérico de tenerle cerca.