¿Qué oficio puede ser más hermoso que el de vivir entre plantas y flores? Desde luego, ha de ser alguien de una tremenda sensibilidad, como esta familia de Guanajay, a casi 50 kilómetros de La Habana. Los Gil son los reyes de las plantas, capaces de convertir su pedacito de tierra en algo sumamente hermoso.

El Grupo Nacional de la Agricultura Urbana Suburbana y Familiar les entregó la IV Corona, máxima distinción concedida por este programa. Pero existe una —tan o más importante— que le han ceñido sus muchos clientes y amigos: la corona de reyes de las plantas y de las flores.

Los Gil son los reyes de las plantas, y en su finca La Rosita multiplican 165 variedades de plantas ornamentales, en las que predominan el ave del paraíso, el drago amarillo y las arecas, aunque atrapan la vista otras como el pino araucaria, la palma alcanfor, la bugambilia nevada que florece roja, los crotos, los ficus de parques, la rosa estrella de Holanda o la corona de Cristo.

Francisco Gil se enorgullece de mostrar la perla de Cuba. “Esta es la verdadera rosa blanca de la que habló nuestro Apóstol José Martí”. Asimismo, nos lleva donde el semillero de Fénix, tan diminutos tras ocho meses.

“Les tomará años alcanzar altura. Nuestro oficio no es como criar cerdos, que a los pocos meses obtienes resultados. Es un trabajo paciente, de mucho tiempo. Papi lo inició en 1975, y 15 años después murió sin ver todo esto”.

Dice Nérida Gil que su hermano siente una pasión especial por las patas de elefante. “No deja que nadie las limpie; solo él”. Y allí abundan, de diferentes tamaños: algunas pequeñas como canicas, e incluso una enorme y veterana de más de cuatro décadas.

Al Bulevar de Artemisa enviaron pinos tuya, esos de la familia de los cipreses que inspiraron tantas pinturas del genial Vincent Van Gogh.

“Han logrado establecer una tecnología de producción de abonos orgánicos, en una instalación que cumple con todos los requisitos técnicos para producir humus de lombriz”, asegura una especialista del Grupo Nacional de la Agricultura Urbana.

Día a día, el Sol los encuentra cuidando sus plantas, con la tecnología, la experiencia y el amor, para embellecer la vida de quienes acuden donde ellos.