Tantos autos en dirección al extremo más occidental de Cuba no pueden estar equivocados. Uno tras otro se suceden los coches modernos, los clásicos, carros de todo tipo cargados de turistas fascinados por la hermosura de la Península de Guanahacabibes, especialmente por una de las playas más pintorescas de nuestro paisaje: María La Gorda.

Los más enamorados de este bello sitio son los audaces, los que acuden en busca de aventura a su Centro Internacional de Buceo, donde tienen cita con los mejores fondos marinos del archipiélago cubano y entre los mejores del Caribe.

De esa manera pueden contemplar arrecifes coralinos a partir de profundidades de 10 metros, en más de 50 puntos. Por si no bastara, esta zona posee la mayor reserva de coral negro de Cuba. Y tiene, además, el encanto de estar ubicada en un entorno natural boscoso casi virgen.

Por eso los visitantes no dudan en emprender una ruta que los trae por Soroa y Las Terrazas, luego a Viñales… y sellan con broche de oro su paseo, al disfrutar de las excelentes condiciones para el submarinismo, el espeleobuceo en varias cavernas y la posibilidad de curiosear entre más de 100 pecios de galeones piratas en María La Gorda.

Excursiones y paseos en barco, pesca de altura y de fondo, fotografía submarina, snorkeling y seafari conquistan a los amantes del mar y de sus profundidades. Para los no expertos, los que apenas pretenden descubrir lo sensacional del mundo del buceo, existen cursos impartidos por instructores con categoría internacional.

No me iba a perder la oportunidad de escuchar de boca de los propios franceses y alemanes (los más atraídos hacia allí), cuán espectacular les resulta el paisaje subacuático en que se sumergen. Leah y Luka proceden de la llamada locomotora económica europea; ambos elogian la conservada barrera coralina, y hasta accedieron a mostrarme las imágenes que tomaron.

Isabelle y Alain, en cambio, prefieren conversar sobre la amplia red de cavernas. Los parisinos han buceado más de una vez en todos los continentes, y el reto de hacerlo en Cuba les complace, principalmente tras llevarse la evidencia de unas bien inusitadas sorpresas y de escenas marinas también maravillosas.

Tanto ellos como sus amigos, y otros que coincidieron por esos días, adoraron explorar las grutas, túneles y cuevas verticales de gran cantidad de fauna sujeta al sustrato, aunque igual hubieran querido ver al tiburón ballena, al parecer cauteloso ante los “intrusos”.

Víctor y Nieves son latinos. Ellos me hablaron de los miles de peces, las anémonas y crustáceos, las varias especies de coral negro, abanicos de mar, caracoles y gorgonias. Con orgullo aludieron a su visita a los fragmentos de un barco pirata hundido. Y él me dijo algo más mirándola a ella: “No hay puestas de sol y cielos iluminados por las estrellas como en María La Gorda”.

Lo cierto es que, incluso, esta playa se ha convertido en la sede de una competencia fotográfica nombrada IMASUB, que atrae a especialistas, fotógrafos submarinos y modelos de todo el planeta.

El evento bianual enriquece considerablemente el banco de imágenes sobre este paraje de arenas blancas bañadas por el Mar Caribe, abundante en especies marinas y corales de extraordinaria belleza, donde miles de cangrejos moros invaden los caminos.

Cuentan que debe su nombre a una joven muy bonita y pasada de libras, a la que un grupo de piratas provenientes de Venezuela tomó como rehén durante un asalto a un bar en aquel país sudamericano… y luego la abandonaron. Sobrevivió vendiendo agua potable y también su cuerpo, a piratas, bucaneros y aventureros de toda índole.

Dicen que sus baños y rituales eran sorprendentes. Al parecer, murió ya muy vieja en aquella playa, y más obesa que nunca, aunque nadie sabe donde está enterrada. Entonces, al sitio le llamaron Los Senos de María La Gorda.

Algunos conocen bien la leyenda; otros se enteran al llegar allí. Vienen en busca de una aventura azul. Los encanta sobre todo el Centro Internacional de Buceo, avalado por los estándares de calidad establecidos mundialmente para tales prácticas: varias cámaras hiperbáricas y un equipo médico de elevado nivel garantizan la seguridad de los submarinistas las 24 horas del día.

Así pues, máscaras, tanques y aletas los conducen a explorar un mundo multicolor entre las aguas transparentes y resguardadas de las corrientes del Golfo.

Bajo el mar, una invitación indeclinable a un reino para los más osados… y para quienes deseen seguirles a la hazaña de lo hermoso. En la superficie, la magia de la península de Guanahacabibes, Parque Nacional declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO. Las imágenes de quienes pasaron antes no mienten: María La Gorda es un paraíso de colores.